Traidoras certidumbres hacen trizas mis huellas.
Debo traicionar mi anecdotario de placeres efímeros.
tiempos de desmonte de piel.
Oscuros callejones que devuelven al mismo lugar.
tiranas fantasías sepultan mi cuerpo a la deriva.
Que haré al morir sin las palabras.
Este blog pretende compartir articulos, reflexiones y comentarios sobre psicoanalisis,filosofia, cultura, antropologia, sociologia y ecologia.
lunes, 23 de diciembre de 2013
lunes, 9 de diciembre de 2013
Vida y muerte conviven en un suspiro.
Anarquica verdad de muerte que juzga nuestros pasos.
Recuerdos en procesión reviven animas etéreas, rozagantes de vivencias.
La amargura de lo efímero nos sorprende al alba.
Vida solo nombrable en el dolor de saberse finito.
Eternidad indeseable de seres con ganas de morir.
lunes, 2 de diciembre de 2013
El mito de la juventud
Juventud se había dormido a un costado de su cuerpo.
Despertaba cada tanto por sacudidas de recuerdos que solo provocaban nostalgia.
Un día se adormeció a orillas de un rio, su tibia playa la envolvió
y se la llevo en sueños.
Un momento de encanto azoto sus ideas, no venían de ella
sino del agua. Si de las aguas de la vida. Aguas sedientas de tormentosas
ganas, placer y alegría.
Soñó durante días que unas sirenas venían a verla para jugar
a ser libre. Juventud dudo de la realidad pero se entrego a las aguas
danzantes. El mecedor movimiento del baile la llevo al lecho donde las sirenas
parlotean, jueguen y fantasean su mundo. Percibió que la realidad es solo una
manera de mirar y alejándose de prejuicios, inhibiciones y ataduras…volvió a
sentir.
Los momentos de juventud no había pasado, solo el tiempo tirano en su transcurrir
la estaba engañando, pues ella estaba allí, intacta, plena, bravía. Presta a
guerrear para seguir los pasos de la pasión.
También descubrió que las sirenas aman a los hombres y
sienten tanto, que su encanto las traiciona. Quieren más y más y más y mueren
al lado de ellos de tanto sentir. Cada vez que un hombre muere el peso de su
partida las pone más intensas y su dolor las apasiona en exceso.
Por eso la juventud de las sirenas es permanente, cuando emergen
se apasionan hasta la muerte, sin morir. La juventud no muere, permanece en la pasión
más allá del transcurrir.
Finalmente juventud despertó con un nuevo saber… Solo la pasión
estimula nuestros sentidos verdaderamente, matando la muerte de un tiempo que
engaña en la imagen de un cuerpo que tapa al ser, más allá y más acá de la
piel. La piel de un ser no es solo cuerpo. El ser es lo que sueña, fantasea y
dice.
Ahora juventud sabe que no debe dormirse demasiado.
martes, 19 de noviembre de 2013
4. Amigos, camaradas o enamorados.
El compañerismo o la
camaradería constituyen unos de los tipos de relación humana que más fácilmente
se pueden confundir con la amistad, por poseer con ella una serie de aspectos
comunes. Etimológicamente, camarada es el que comparte un cuarto, la cámara
común, el que acompaña a otro y come y vive con él[1].
De ahí, comenzó a designar el que comparte la suerte de otro y por extensión,
el amigo. Sin embargo, el elemento de tarea y colaboración se destaca en la
relación de camaradería (o de compañerismo) y le connota de modo tan esencial
que razonadamente debemos diferenciarla de la relación de amistad. Con el amigo
puede haber y, de hecho, hay muchas veces colaboración, pero la amistad se
distingue en que ese compartir la tarea se realiza en función del afecto y no
en razón de una obligación, tal como solemos entender que ocurre con el
camarada o el compañero[2].
El camarada o el compañero
manifiesta una relación que, generalmente, se encuadra dentro del campo
institucional o en el seno de algún tipo de movimiento o agrupación colectiva
(educativa, militar, política, deportiva, etc.). En su seno, efectivamente,
surge un tipo de relación marcada por la persecución de unos objetivos comunes
y en cuya dinámica de colaboración y solidaridad puede nacer la amistad. Pero
no basta ser compañero o camarada, sentirse unido en un proyecto o en unos
ideales comunes, para que la confidencia o el compromiso personal,
característicos de la amistad, vean su nacimiento.
Es, sin embargo, la
diferenciación entre la relación de amistad y la de enamoramiento la que mejor
nos puede ayudar a captar lo más específico de la relación de amistad, dentro
del conjunto de relaciones amorosas en las que participa el deseo[3].
El enamoramiento constituye
un tipo de relación con un momento definido y que se presenta como siguiendo la
ley del todo o nada. No caben grados,
se está o no se está enamorado. Es además, una pasión y porque es pasión
conlleva sufrimiento. Es éxtasis, pero es tormento también. La amistad, sin
embargo, huye del sufrimiento y, cuando puede, lo evita. La persona amada
-señala F. Alberoni- ama algo que siempre permanece inasible
porque su objeto es un devenir conjunto, un deber ser. Esta es la miseria del
amor, que sólo puede exigir y no puede frenarse en su exigencia. El amor es
sublime y miserable, heroico y estúpido, pero nunca justo. No se encuentra la
justicia en el amor sino en la amistad [4]. El enamorado, como afirma, P. Lain Entralgo
es un ente menesteroso e hiperbólico, porque su menester comporta una ambición
orientada hacia el “todo” y, desde ahí, vive de una manera absorbente y
exaltada la necesidad de comunión física y espiritual con la persona amada[5].
El enamoramiento, por lo demás, nace sin tener asegurada la reciprocidad, cosa
que no sucede en la relación de amistad. Si el otro no lo desea, nuestro propio
deseo de amistad se desvanece. No interesa ser amigo de quien no desea serlo de
nosotros.
Pero lo que resulta más
significativo en la diferenciación entre la relación de enamoramiento y la de
amistad es el hecho de que la dinámica del primero está caracterizada por una
natural tendencia a la posesividad. El enamorado, por ejemplo, desea saberlo
todo de la persona amada, sus ideas y sus sentimientos. El amigo no necesita
tanto. Acoge lo que se le ofrece con gratitud, pero sin exigencia. No experimenta
esa necesidad de posesión que padece el enamorado. La libertad, que hemos visto
como condición de la amistad, queda de alguna manera en entredicho dentro de la
relación de enamoramiento. Por eso, el enamorado se siente celoso. Pero la
amistad se preserva de tal tipo de sentimiento y si en ella hace presencia
parece obligado sospechar que la relación encubre ya otro tipo de vinculación
diferente a la que queremos denominar como amistad. La frontera entre este tipo
de relación y el enamoramiento se desdibuja. Así acaece fácilmente, como
sabemos, en las relaciones establecidas en el período de la adolescencia.
El enamoramiento se impregna
de Eros y le permite expresarse sin dificultad. Busca la unión de los cuerpos
como medio de borrar la distancia y la diferencia que nos constituye. La
amistad, sin embargo, pretende cubrir la distancia que nos separa de otro modo
diferente: mediante la participación en las ideas, los sentimientos, los
proyectos comunes. Encuentra en la palabra, en el gesto y en el silencio participativo
su medio de comunión. El encuentro íntimo que pretende no es ya de piel a piel,
sino de “decir a decir”. Su confidencia, además, la realiza envuelta en el pudor, evitando el
exhibicionismo impúdico que pretende a su vez la devolución de la confidencia.
El amigo, además, a diferencia del enamorado, es también pudoroso en la misma
manifestación de su afecto por el otro. Como señala Alberoni a este respecto,
los amigos no se dicen “qué bien lo pasamos juntos”. Los amantes sí. De ahí,
que como también señala F. Alberoni, se dé con frecuencia ese fenómeno curioso
de que al amigo, a quien le contamos nuestras emociones más secretas, no
podemos decirle las que se relacionan con él[6].
No necesita ni aspira a la fusión que el erotismo y la genitalidad pretenden en
la dinámica del enamoramiento. Por eso, también, aunque le agrada y agradece la
presencia del otro, no la urge ni reprocha su ausencia.
Y sin embargo, a pesar de
las evidentes diferencias existentes entre las dinámicas del enamoramiento y la
de la amistad, éstas no nos pueden hacer olvidar que tanto una como otra se
nutren de la misma corriente de fondo: el deseo como aspiración a una unión que
alivie la carencia de base que nos constituye como seres separados. En ese
tronco común del deseo encontró el psicoanálisis la fuente dinámica que
alimenta la relación de amistad.
[1] El término,
procedente del español y referido a los ámbitos militares, pasó a la lengua
francesa como camarade. Una información
sobre dicho término la encontramos en E.
Littré, Dictionnaire de la Langue Française ,
Hachette, Paris 1863.
[2] Es cierto, que
en el ámbito del trabajo y el esfuerzo compartido encontramos un terreno en el
que, fácilmente, puede brotar la relación de amistad. Pero también es cierto,
como anota y analiza P. Laín Entralgo, que esa relación de amistad en el
espacio laboral encuentra fácilmente tres obstáculos considerables: la miseria,
la rivalidad y la polarización laboral. Ibid. 309.
[3] En este
sentido, la obra de Francesco Alberoni resulta particularmente clarificadora.
Sus análisis sobre estos dos tipos de relación humana están realizados con una
finura sorprendente en una rara combinación de sencillez, claridad y hondura
Cf. además de la ya citada La amistad,
Enamoramiento y amor, Gedisa, Barcelona 1985, El erotismo, Gedisa, Barcelona 1988; El vuelo nupcial, Gedisa, Barcelona 1992.
[4] Cf. F. Alberoni, La amistad, 15-17.
[5] Cf. Teoría y realidad del otro, Revista de
Occidente, Madrid 1961, Vol. II, 208-219.
[6] Ibid. 116.
En la medida en que una mujer pueda jugar más con partición,
tendrá un deseo por fuera de los hijos, causando el deseo. De lo contrario se
produce el ahogo, la asfixia en el niño. Algo de esto se juega en el asma, los
médicos recomiendan a los que lo padecen ir a nadar, ¡claro! ¡A nadar! Para no
ahogarse en el mar materno; mer en francés quiere decir mar y es
homofónico con mère que significa madre. La madre tiene que ver con
el mar, entonces, con el océano. (…) Del lado de una mujer queda acceder a su
femineidad, atravesar lo que Lacan llamó "el odioamoramiento",
ambivalencia del lazo preedípico con la madre. Si una mujer no lo atraviesa, si
no se separa y rompe con ese desdoblamiento, no podrá acceder a su femineidad.
Marguerite Duras atraviesa este irreductible por y con la escritura; dice:
"Hoy no quiero a mi madre. Cuando hablo de ella, como ahora, me conmuevo. Pero tal vez me conmueve verme ante ella mi imagen. Al final de su vida, estaba tan separada de mí como yo de ella".
Marguerite Duras atraviesa este irreductible por y con la escritura; dice:
"Hoy no quiero a mi madre. Cuando hablo de ella, como ahora, me conmuevo. Pero tal vez me conmueve verme ante ella mi imagen. Al final de su vida, estaba tan separada de mí como yo de ella".
EL
AMOR, UN RETORNO AL UNO NARCISISTA.
Si comienzo por el amor
Es que-por mas que lo nieguen-.
El amor es para todos
Lo más grande de la vida.
BAUDELAIRE
En este trabajo intentare realizar un recorrido posible sobre el amor en
psicoanálisis, tomando como referencias los seminarios de Lacan, los textos de Allouch,
Le Gaufey, Freud y Shopenhauer.
Tomare
como ejes de pensamiento la transferencia, el Goce del Otro, el Otro sexo, la
no relación sexual, el Uno del amor, el Narcisismo.
.
Si
de amor hablamos no por eso sabemos. Allí donde se sabe el amor desfallece.
Freud
en su articulo “Observaciones sobre el amor de transferencia nos hace notar que
el amor real no difiere del amor de transferencia.
Freud
en este artículo de 1915 distingue su práctica de cualquier vía moralizante.
Ante tal enamoramiento de la paciente por su analista,
supone que, para aquél al que le son ajenos los principios del análisis, solo
cabrían tres posibilidades: 1. Que ambos contraigan una unión legítima y duradera o 2. Separarse y abandonar la tarea
emprendida o 3. mantener relaciones ilegítimas y pasajeras.
"Para la paciente surge una alternativa: o
renuncia definitivamente al tratamiento analítico o ha de aceptar, como algo
inevitable, un amor pasajero por el médico que la trate" (pág. OC, Biblioteca
Nueva, T. 2)
Nuevamente indica sin eufemismos qué es aquello que no
puede hacerse en la práctica analítica. Nos había dicho que era desatinado
desentenderse de la transferencia y aquí lo enfatiza. Ahora bien, cuando la
transferencia se presenta, cuando los demonios de la transferencia están allí,
¿qué hacer? Interrogarlos, nos dice, hacerlos hablar. La presencia del
analista convoca al amor de transferencia. Esta convocatoria no admite otra
respuesta que la interrogación haciendo hablar a ese amor, que la palabra
permita un despliegue que hasta allí sólo es acto repetitivo
Supondría no haber atraído lo reprimido a la
consciencia más que para reprimirlo de nuevo, atemorizados. Tampoco podemos
hacernos ilusiones sobre el resultado de un tal procedimiento. Contra las
pasiones, nada se consigue con razonamientos, por elocuentes que sean. La
paciente no verá más que el desprecio, y no dejará de tomar venganza de él.
(OC, Biblioteca Nueva, T. 2)
Este pasaje es propicio para la distinción que hace
Lacan entre la transferencia imaginaria y la simbólica.
La presencia de este amor brinda la ocasión decisiva
para instalar a la transferencia en el plano simbólico. Ella no se encuentra
ahí espontáneamente. Se torna imprescindible una intervención del analista para
posibilitar tal pasaje. De lo contrario, la transferencia no analizada
encontrará respuestas imaginarias –en lo pasional de ese amor- frente a la
ausencia del analista en su función. Es precisamente lo que sucede, en la
situación mencionada, cuando el analista se desentiende de la transferencia y
lleva a cabo un acto de rechazo. Cómo no ver en tal venganza el acting-out
que denuncia que una interpretación no ha tenido lugar.
Nos guardamos de desviar a la paciente de su
transferencia amorosa o disuadirla de ella, pero también, y con igual firmeza,
de toda correspondencia. Conservamos la transferencia amorosa, pero la tratamos
como algo irreal. (OC, Biblioteca Nueva)
¿Qué es eso de tratarla como algo irreal? ¿Cuál
es la “naturaleza” del amor de transferencia?
Como se ve, se trata de una “posición especial” y no
una naturaleza distinta. No hay entonces diferencia alguna entre el amor
corriente y el amor de transferencia. Enumera esos rasgos: 1º) Es intensificado
por la resistencia, 2º) Repite modelos infantiles y 3º) Es más imprudente.
Por mucho que estime el amor, ha de estimar más su
labor de hacer franquear a la paciente un escalón decisivo de su vida.
Lacan para hablar sobre el amor toma diferentes
discursos del Banquete de Platón pero en este trabajo no voy a introducir este
recorrido para pensar el amor, solo diré que en la clase 12 del 1-3-61 del
seminario VIII “La
Transferencia ” Lacan dice: que el deseo es el deseo del Otro,
aquí esta el resorte del nacimiento del amor, es lo que sucede en ese objeto
hacia el cual tenemos la mano por nuestro propio deseo, y en el momento en que
nuestro deseo hace estallar su incendio, nos deja aparecer por un instante esta
respuesta, esa otra mano que se tiende hacia nosotros como deseo.
Es en la medida en que Sócrates desea, el no lo sabe, y
que es el deseo del Otro, es en esta medida en que Alcibíades es poseído, ¿Por
qué? Por un amor que se puede decir que el único merito de Sócrates es
designarlo como amor de transferencia, y remitirlo a su verdadero deseo.
Leyendo a Arthur Shopenhauer en su texto “El amor, las
mujeres y la muerte”, realice un recorte para pensar el amor desde sus
concepciones de la conservación de la
especie, la ilusión y el narsicismo, y remarcar toda la influencia ejercida en
el pensamiento Freudiano aunque no me detendré en este aspecto.
Shopenhauer
dice: …toda inclinación tierna sumerge sus raíces en el instinto natural de los
sexos, este instinto es especializado, determinado, individualizado por
completos solo se trata de que cada macho se ayunte a su hembra, por que tal
futileza ha de representar un papel tan importante e introducir de continuo el
trastorno y el desarreglo en la bien ordenada vida de los individuos? Se trata
nada menos de la combinación de la generación próxima. De la especial
constitución de la humanidad futura.En este caso alcanza su más alto poderío la
voluntad individual, que se transforma en voluntad de la especie instinto del
amor subjetivo ilusiona por completo a la conciencia y sabe muy bien ponerse el
antifaz de una admiración objetiva. El amor no se contenta con un sentimiento
reciproco, sino que exige la posesión mismo, lo esencial, es decir el goce
físico. El que cierto hijo sea engendrado ese es el fin único y verdadero de
toda novela de amor, aunque los enamorados no lo sospechen. Se trata de
satisfacer ese instinto llamado amor, es la voluntad de vivir del nuevo
individuo que los amantes pueden y desean engendrar.La pasión es implícitamente
lo que la individualidad es explícitamente. El egoísmo tiene en cada hombre
raíces tan hondas, que los motivos egoístas son los únicos con que puede
contarse para excitar la actividad de un
ser individual. La especie tiene sobre el individuo un derecho anterior sobre
lo individualidad. El individuo se hace esclavo inconsciente de la naturaleza
en el momento que solo cree obedecer a sus propios deseos.Esta ilusión no es
mas que el instinto, representa el sentido de la especie, los intereses de la
especie ante la voluntad.
Relacionando lo que Shopenhauer decía, podemos leer en
Lacan “Eres exactamente mi tipo de mujer, de hombre. Cada uno tiene el original
de su belleza, cuya copia busca en el gran mundo.
En relación a la transferencia Lacan dice en “Amor
Lacan”, de Jean Allouch…si en efecto la
transferencia es amor, si hay un matema de la transferencia, dicho matema seria
el también un matema de amor. En el análisis alguien se dirige a otro supuesto
saber. Desde donde? Dado que se trata de un sujeto, se dirige desde un
significante. Se trata de un significante a la espera de una simbolización, por
lo tanto se trata de un signo. Si la transferencia es el amor, porque el amor
no figura aquí?.
Aparece la función de Agalma, del sujeto supuesto
saber. El analista debe ser colocado en posición de sujeto supuesto saber y de
objeto amado, no hay ninguna necesidad de inscribir al amor en el algoritmo de
la transferencia.
Freud había incorporado la importancia del amor en si
mismo. Lacan con el estadio del espejo puede decir en su conferencia de
Bruselas: …me amo a mi mismo en tanto me desconozco de manera esencial. Solo
amo a otro. Esa característica narsicista hace del amor un engaño. Saber del
engaño del amor. Un si mismo que no es el. El sabe que el engaño del amor se
encuentra en otro parte y no en el amante.
Volviendo
a la transferencia dicho amor es reconocido como amor verdadero. ¿Qué es
entonces el amor verdadero que puede ser producido automáticamente así por el
dispositivo analítico? En los Escritos Técnicos (Pág. 173) Lacan dice: …Igualmente la cuestión del amor de transferencia ha estado ligada a la elaboración analítica de la noción de amor. No se trata de amor en tanto que Eros, sino del amor-pasión, tal como es vivido por el sujeto concretamente, como una suerte de catástrofe psicológica. Lacan reconoce el carácter verídico del amor de transferencia, de los Escritos Técnicos de Freud retiene el carácter narsicista del amor, el cual al existir su ternario S.I.R, sitúa al amor en el imaginario. El amor es un fenómeno que ocurre a nivel de lo imaginario y que provoca una verdadera subducción de lo simbólico…. (Pág. 215 Ob. citada). El símbolo pasa debajo de lo imaginario cuando el fenómeno amoroso ocurre en lo imaginario.
El vinculo entre el amor y la transferencia se encuentra en el valor de la palabra, el amor hace retornar al deseo “verbalizado”. En el análisis el punto donde se focaliza la identificación del sujeto a nivel de la imagen narsicista es lo que llamamos la transferencia. Al dejar flotar la palabra del analizante, es pues la propia regla fundamental la que convoca ciertas imágenes captadoras en la base del yo del sujeto y desde el estadio del espejo se da una relación imaginaria con si mismo. No hay que olvidar mencionar que el yo del psicoanalista es borrado.
Lacan habla de un más allá puramente erótico y hace referencia al acto sexual. Coger como cortacircuito fisiológico no es aquello a lo que apunta el amor, ni lo que el amor alcanza. Cual es entonces ese más allá propiamente erótico? Que mas allá de coger pondría en la mira y alcanzaría al amor? La institución de la falta es ubicada aquí en relación con el objeto, ella tiene un lugar no en relación al sujeto amante sino en el otro. Lo que es amado en un ser esta mas allá de lo que es, a saber lo que le falta. No hay mayor don posible, mayor signo de amor, que el don de lo que no se tiene. El mayor signo/don del amor, representa algo para alguien, que? El falo, el mismo tomado como un signo. Se desea con el significante, se ama con signos. El don del falo es inseparable del don de la nada. Del falo como signo al falo como símbolo en el sentido de ausencia del objeto.
Lacan introduce el falo en el gran tema del amor y el deseo.En el Seminario “
El falo aparece como el único significante que merece el titulo de símbolo, pero no podría nombrarse ni como signo, ni como significante ni como símbolo.
AMOR ES UNA CUESTION DE SER Y DESEAR ES UNA CUESTION DE TENER.
Para el deseo poseer al objeto seria destruirlo. Aquí se me impone una pregunta ¿ES EL AMOR EL FANTASMA QUE PROTEGE AL SER DEL DESEO MORTUORIO?
Marguerite Duras en uno de los párrafos de su novela El Amante dice…a veces su rostro temblaba, cerraba los ojos y apretaba sus dientes. Pero nunca decía nada referente a las imágenes que veía detrás de sus ojos cerrados. Hubiera dicho que amaba ese dolor, que lo amaba como me había amado, muy intensamente, quizás hasta morir, y que ahora lo prefería a mi.
En otro segmento dice:…abocados los dos a la difamación debido a la naturaleza del cuerpo que poseen, acariciado por los amantes, besado por sus bocas, entregados a la infamia del goce hasta morir, dicen, hasta morir de ese amor misterioso de los amantes sin amor.
Siguiendo los pasos de la frase “El amor es dar lo que no se tiene a aquel que no es”. Amar es hacerse sujeto de la falta, es dar el objeto a, dar lo que no se tiene, y sin embargo se es.
Volverse amante seria tener el objeto a como un instrumento. En el amor el amante hace eso de si mismo, de su propio ser, en la medida en que este ser es el objeto a.
El carácter narcisista del amor da cuenta que el deseo no concierne al sujeto amado. El deseo es una clave esencial en el amor, pero su objeto no es el amado, pues el amor esta ubicado en el plano narcisistas solo el amor permite al goce condescender al deseo. El amor tiene un andamiaje narcisista el objeto a hace del amor un engaño.
A partir de aquí me centrare en la siguiente pregunta: ¿Es el amor una suplencia ante la falta de la no relación sexual?
La imposibilidad de la existencia de la proporción sexual, pone a prueba el amor en la pareja. No hay relación sexual porque la relación sexual en el parletre es fálica y fálica quiere decir que cada uno se dirige al otro a través de su fantasma. Además, es imposible lograr el goce que anhelamos, siempre habrá una desproporción. Para remediar esto, surge como contingencia el amor.
Son dos que se aman, además se desean y buscan goce. Una vez realizado el encuentro amoroso, el objeto de deseo deja de deslizar, algo específico del amor lo retiene. El amor ofrece al deseo su objeto imaginario taponando el hueco del deseo.
El amor lleva al sujeto al semblante y tiende el señuelo para que el sujeto tenga la ilusión de alcanzar el objeto. Sólo por amor, ese engaño recíproco entre el sujeto y el Otro, se sostiene el movimiento deseante a pesar de las decepciones que actualizan
Lacan dice: “EL GOCE DEL OTRO, DEL OTRO CON A MAYUSCULA, DEL CUERPO DEL OTRO QUE LO SIMBOLIZA, NO ES EL SIGNO DEL AMOR.” Así introduce la primera diferencia entre el goce y el amor.Si el goce del Otro fuera el signo del amor, seria en tanto que goce útil para algo, o sea para el amor. Pero como tal el goce no sirve para nada. Dos seres abandonados a su inspiración dejan todo su lugar al goce del otro, sin por ello esperar que se goce sea signo del amor.
Ante la pregunta sobre el amor... ¿HAY UNA RESPUESTA POSIBLE?
La respuesta al amor es el amor, hay un imposible un real. El Goce del Otro sigue siendo una respuesta posible al amor. Se vuelve al carácter narcisista del amor. El amor es narcisista en la medida que ese narcisismo es sustentado por el deseo de ser uno.
En la sesión de Aun del 19-12-72 Lacan dice: “No somos mas que uno, cada uno sabe, seguramente, que nunca ocurrió que entre dos no hagan mas que uno, es de ahí que parte esa idea del amor, es la forma mas grosera de dar a ese termino que se escapa manifiestamente de la relación sexual, su significado. Aparece el amor como la fractura de la no relación sexual. La impotencia del amor por mas que este sea reciproco da cuenta de esa ignorancia de ser el deseo de ser uno y esto nos conduce a la imposibilidad de establecer la relación de ellos, de los dos sexos.
El Otro luego de haber sido cuerpo adviene como sexo. El Otro Sexo debe entenderse como el Otro hecho sexo. Si el Otro es Otro sexo, ¿como va a jugar en la relación sexual? ¿En torno a que se realiza la relación sexual? En torno al FALO.
Allí donde no hay relación sexual, de allí partirá el amor como hacer Uno. ¿Para que sirve esta ilusión? Para la reproducción de los cuerpos. Es esto a lo que se refería Shopenhauer?
Concluyendo…El Hay del Uno, se lo debemos al narcisismo, el nunca salirse de si mismo.
EL AMOR APUNTA AL SER. EL AMOR ES NARCISISTA, PORQUE NO HAY OTRO SOPORTE QUE DARLE AL TERMINO DE SER.
BIBLIOGRAFIA.
Jean Allouch
“El amor Lacan” Bs. As. El Cuenco de Plata, 2011.
“Contra la eternidad”. Ogawa, Mallarme, Lacan. Bs. As, El Cuenco de Plata, 2009
Guy Le Gaufey “El Sujeto según Lacan”. Bs. As, El Cuenco de Plata, 2010.
Jacques Lacan.
Seminario I “Los escritos técnicos de Freud” Bs. As, Paidos, 2010.
Seminario VIII “
Seminario XX “Aun”. Bs. As, Paidos, 2004.
Sigmund Freud
“Introducción al Narcisismo”. Tomo II. Cap: LXXXVII. Biblioteca Nueva.
“Observaciones sobre el amor de transferencia”. Tomo II. Cap: LXIV. Biblioteca Nueva.
“Sobre una degradación general de la vida erótica”. Tomo II. Cap: LXVII. Biblioteca Nueva.
Marguerite Duras. “El Amante”. Bs. As, Tusquets Editores, 2009.
Arthur Shopenhauer. “El amor, las mujeres y la muerte”.C.S. Ediciones, Bs. As, 1998.
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