lunes, 2 de diciembre de 2013

El mito de la juventud
Juventud se había dormido a un costado de su cuerpo. Despertaba cada tanto por sacudidas de recuerdos que solo provocaban nostalgia.
Un día se adormeció a orillas de un rio, su tibia playa la envolvió y se la llevo en sueños.
Un momento de encanto azoto sus ideas, no venían de ella sino del agua. Si de las aguas de la vida. Aguas sedientas de tormentosas ganas, placer y alegría.
Soñó durante días que unas sirenas venían a verla para jugar a ser libre. Juventud dudo de la realidad pero se entrego a las aguas danzantes. El mecedor movimiento del baile la llevo al lecho donde las sirenas parlotean, jueguen y fantasean su mundo. Percibió que la realidad es solo una manera de mirar y alejándose de prejuicios, inhibiciones y ataduras…volvió a sentir.
Los momentos de juventud  no había pasado, solo el tiempo tirano en su transcurrir la estaba engañando, pues ella estaba allí, intacta, plena, bravía. Presta a guerrear para seguir los pasos de la pasión.
También descubrió que las sirenas aman a los hombres y sienten tanto, que su encanto las traiciona. Quieren más y más y más y mueren al lado de ellos de tanto sentir. Cada vez que un hombre muere el peso de su partida las pone más intensas y su dolor las apasiona en exceso.
Por eso la juventud de las sirenas es permanente, cuando emergen se apasionan hasta la muerte, sin morir. La juventud no muere, permanece en la pasión más allá del transcurrir.
Finalmente juventud despertó con un nuevo saber… Solo la pasión estimula nuestros sentidos verdaderamente, matando la muerte de un tiempo que engaña en la imagen de un cuerpo que tapa al ser, más allá y más acá de la piel. La piel de un ser no es solo cuerpo. El ser es lo que sueña, fantasea y dice.
Ahora juventud sabe que no debe dormirse demasiado.



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