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| Subjetividad adictiva: un tipo psicosocial instituido Condiciones históricas de posibilidad | ||||
| Autor: | Ignacio Lewkowicz | |||
| Data publicación: | Las drogas en el siglo... ¿qué viene? Dobon y Hurtado (compiladores), Buenos Aires, 1999 | |||
| Perfil: | Artículo | |||
1.¿Cómo es socialmente posible la figura omnipresente del adicto? ¿Cómo es posible que una sociedad no sólo produzca adictos sino que, sobre todo, los instituya como tales, como un tipo reconocido, admitido, predicado y tratado? ¿En qué condiciones socioculturales es posible que la adicción se constituya inequívocamente en institución social? Una perspectiva historiadora puede trazar unas líneas de reflexión sobre algunos puntos de estos problemas generalmente ciegos en su evidencia. 2. Las adicciones constituyen un problema contemporáneo. Lo notorio es que no constituyan sólo un problema local, específico, acotado al campo de intervención de una disciplina particular. La adicción -quizá aun una evidencia ideológica sin concepto riguroso que pueda cubrir la multiplicidad diseminada de sus usos- parece desbordar irremediablemente las capacidades de comprensión y acción de las diversas disciplinas destinadas a sus cuidados. Lo notorio, entonces, es que las adicciones pertenecen "por derecho propio" al campo inespecífico de los problemas sociales. Este reconocimiento general que hace de la adicción un objeto particular de predicación de cualquier discurso, viene a indicar -para la mirada historiadora- que no estamos sólo ante una estructura clínica particular, o en presencia de unos fármacos específicos que alteran las personalidades de las personas, o ante una modalidad delictiva particular. No estamos ante el mero incremento cuantitativo de unas prácticas que llamamos adictivas sino ante la instauración cualitativa de un tipo radicalmente nuevo de subjetividad socialmente instituida. 3. Uno de los principales problemas de la encrucijada actual de las ciencias humanas es el de la articulación de las dimensiones que corrientemente se llaman individual y social. Por las condiciones institucionales y epistemológicas de surgimiento de las psicologías y sociologías, la exterioridad mutua entre ambas dimensiones ha constituido una constante del desarrollo de ambos tipos de disciplinas. Por cuestiones resultantes de método, para las disciplinas psi, lo que suelen llamar "social" tuvo tres modalidades de asunción distintas. En la primera versión, el lazo social se presenta lisa y llanamente como proyección acumulativa de las estructuras y configuraciones psicológicas constitutivas de los individuos: el lazo es la multiplicación de los individuos. En la segunda versión, el conjunto de las configuraciones sociales trabaja como contexto particular que condiciona en exterioridad las posibilidades de realización de lo que es el mundo interno de los individuos. El mundo social no es constitutivo de tal psicología sino que sólo permite o impide la efectuación de tales o cuales tendencias psicológicas que de por sí son independientes de sus posibilidades de realización. En la tercera versión, el peso de las condiciones socioculturales en la constitución psíquica de los individuos se acrecienta, se reconoce, se proclama, pero sin hallar los modos de articulación teórica pertinente: la relación se plantea en términos de influencia cuantitativa. Desde el campo de las disciplinas sociales tampoco se ha resuelto el enigma -pese a la multiplicidad de observaciones sistemáticas en muy diversas situaciones socioculturales. Los individuos se presentan, en este campo, como puntos de realización particular de las configuraciones sociales en las que habitan. La articulación entre las dimensiones sociales e individuales de los sujetos en cuestión es aún más un requerimiento que una realización. Desde el campo del discurso histórico, el movimiento actual que intenta comprender esa relación se nuclea en torno del nombre aún difuso de historia de la subjetividad. 4. Este largo párrafo metodológico se justifica si permite aclarar la perspectiva que aquí se intenta: no limitar las condiciones sociales al campo de la influencia real sobre individuos ya estructurados. La perspectiva adoptada postula que las condiciones socioculturales específicas en que se despliega la vida de los individuos no es un escenario de realización que condiciona en exterioridad sino que es una red práctica que interviene en la constitución misma de los tipos subjetivos reconocibles en una situación sociocultural específica. Una precisión. La noción de red de prácticas importa aquí en tanto que estrategia discursiva que busca abolir en su operatoria la distinción entre las dimensiones individual y social -en cualquiera de sus versiones-. La abolición de esta distinción no es el resultado de la reunión de unas parcialidades en un todo, sino la institución de otra dimensión: la dimensión inespecífica de las prácticas. Son las prácticas las que producen lógicas sociales, pero también son las prácticas las que fundan subjetividad. En rigor, hay una misma causa capaz de producir efectos de tan diversa naturaleza. En tal sentido, las prácticas no pertenecen ni al campo de lo social no al campo de lo individual, se trata de fuerzas autónomas de esta diferenciación. 5. La posibilidad social de la adicción no se limita al par éxito-fracaso social. La modalidad espontánea de remisión de las adicciones a las condiciones sociales supone que la adicción es una respuesta siempre latente en los individuos y las sociedades, que es una tendencia siempre disponible que se activa cuando las condiciones sociales específicas las disparan. El individuo está definido de por sí; la tendencia adictiva está latente. Basta con que socialmente se suministre la dosis pertinente de frustración, escepticismo o desasosiego. Pero si se nos impusiera nuevamente la evidencia de que los fracasos sociales empujan a la salida -siempre disponible- de la adicción, recaeríamos en la lógica de la influencia de las condiciones externas de realización de las tendencias ya constituidas autónomamente en los individuos. La perspectiva propia de la historia de la subjetividad exige suspender este tipo de análisis: no interesan aquí los factores sociales que empujan a la adicción de un individuo -pasible de volverse adicto ya de por sí- sino las prácticas sociales de constitución de una subjetividad en la que la adicción sea una posibilidad siempre dada desde ya. La percepción de una subjetividad adicta no se preocupa aquí por la realización coyuntural de las tendencias adictivas sino por la constitución misma de esa posibilidad. No interesan aquí entonces las causas coyunturales que empujan a la droga sino las que producen una subjetividad amenazada de caer en adicción. 6. No consideramos aquí los factores de realización: dramas personales o familiares, desengaños laborales o expulsiones amorosas, pérdida de ilusiones o de referentes. Tampoco consideramos las condiciones jurídicas que condenan o permiten el consumo y tráfico de sustancias adictivas. Menos aún las configuraciones psicológicas que hacen de un individuo supuestamente autónomo un dependiente en grado sumo. En suma, ni las propiedades de las sustancias, ni las propiedades particulares de los individuos, ni las ocasiones de "caída" serían posibles si el tipo adictivo no estuviera socialmente producido e instituido. 7. Pues es difícil imaginar situaciones sociales en las que no hubiera individuos que excesivamente se aferraran a alguno de los productos ofrecidos por su cultura. Hay siete pecados capitales, y cuatro de ellos -si no todos- pueden leerse en esta clave. Pero lo cierto es que sólo nuestra contemporaneidad realiza esta posibilidad de lectura. Sólo en las condiciones actuales cualquier relación tenaz de un individuo con algún objeto de su cultura es leída bajo el tamiz instituido de la adicción. Nada semejante ocurre en la antigüedad griega. Como se verá, la modalidad establecida de la relación excesiva de un individuo con otro individuo u objeto no se da bajo la institución de la adicción sino bajo la figura emblemática de la esclavitud. Esta modalidad antigua de relación no da lugar a la figura del adicto. La adicción es el cristal actual desde el cual se comprenden las relaciones enfáticas. Las sustancias "generadoras" de adicción cubren todos los rubros: más de siete que incluyen vicios y virtudes (alcohol, sexo, drogas, pero también trabajo). La maligna cualidad adictógena no sólo está en las cosas malas sino también en la pureza de las nobles cosas. Todos somos en potencia adictos. Somos adictos, en potencia, a todo. La amenaza es universal y ubicua. 8. Que el adicto sea una figura instituida significa que, por un lado, es efecto de unas prácticas sociales de producción de subjetividad; por otro, que el efecto es universalmente reconocible. La figura del adicto es un tipo psicosocial porque es reconocible, está tipificada, es objeto de predicación y objeto de cuidados sociales; en definitiva, porque brinda una identidad capaz de soportar el enunciado de virtud ontológica: soy adicto. La identidad adictiva es el índice de existencia de una subjetividad instituida. De donde se deriva que la adicción no sólo es un riesgo de la configuración social actual, sino la amenaza contra la cual hay que organizar una serie de cuidados casi microscópicos. | ||||
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| Palabras clave: | Subjetividad adictiva | |||
| Última revisión: | 07-04-03 | |||
Este blog pretende compartir articulos, reflexiones y comentarios sobre psicoanalisis,filosofia, cultura, antropologia, sociologia y ecologia.
martes, 16 de febrero de 2010
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